Supongo que alguna persona se habrá fijado en una barra fucsia que aparece en la columna de la derecha de este mi pequeño blog. Aunque lleva como título mi música hace bastante que no se actualiza y no es demasiado exacta ahora mismo. Sin embargo entre las cosas que destacan hay tres que me encantan: los Beatles, the Corrs y Rooney.
Los primeros con un clásico, creo que no es necesario que diga nada más, su nombre lo dice todo.
Los segundos han sido desde el mismo día en que los oí por primera vez mi grupo favorito. Tengo todos sus discos originales y si en un futuro sacasen otro no dudaría ni medio minuto en ir a comprarlo. Es cierto que si alguien me preguntase no sabría nada de sus vidas, "es mejor no saber sobre tus ídolos para que puedan seguir siéndolo" me dijo una vez una amiga. Pero esto jamás ha impedido que admire su trabajo: esa música que mezcla la actualidad y la tradición, y un algo que denota el amor que sienten por lo que hacen. Sin duda siempre los admiraré.
Puedo decir con exactitud el día (que no el año) en que mis padres me regalaron mi primer cd de "The Corrs". Era mi cumpleaños y recuerdo el sonido de Forgiven not forgotten y mi alegría. Recuerdo también leer "Betsabé nunca duerme", uno de mis libros favoritos, mientras sonaba en el salón "Only when I sleep", era Navidad. Tengo tantos recuerdos, podría pasarme horas así porque ellos han llenado mi vida.
Sin embargo, a día de hoy ya no hay The Corrs que valga; y la falta de nuevas melodías me hace buscar en otras partes. Entre miles y miles de sonidos que me agradan he encontrado un grupo, que sin parecerse a ninguno de los anteriores puedo oír y oír sin parar. Aunque últimamente sólo escucho a Blondie, hay más cosas en mi caja de sonidos, y Rooney me tiene atrapada.
La primera vez que los oí fue en los primeros episodios de The OC (sí, lo sé, soy medio monotemática). Marissa Cooper le hacía a Ryan Atwood un cd en el episodio de la casa piloto (episodio 2, sino recuerdo mal), en un momento dado hablan de ellos, dando el nombre del grupo. A partir de ahí, he seguido escuchándolos, teniéndolos como tono de llamada en el móvil y aprendiendo sus canciones. Todo se acentuó con el anuncio de la colonia CH de Carolina Herrera, con una de sus mejores canciones de fondo.
Pero ésto es un punto muerto: sé que me gusta cómo suena, pero no puedo acceder a ello. ¿Porqué? Pues fácil, porque lo malo de oír música extrajera, es que no siempre se vende aquí. Ya, ya , piratería sí, piratería no. No quiero entrar en debate: sólo quiero un cd, tangible y rompible, con portada guapa y un librillo con letritas, todo el mundo sabe lo que es, y yo soy una materialista. Pero, aquí no me lo venden; como no venden McFly, ni Phantom Planet... ni un millón de cosas que suenan bien.
La solución, parece ser, al igual que con las Blythes, internet... pedirlo al extranjero. Duele, pero al final terminaré cediendo, porque la música puede conmigo.