El Baúl de Olimpia

Unos días seré yo... otros seré yo pero yo seré distinta... otros no seré yo siendo yo... y otros... simplemente seré yo sin serlo...

25 octubre, 2009

Ya estoy en Artesanum.com

¡Por fin! Después de mucho pensar a donde ir y qué hacer, lo he hecho, he colgado algunas cosas en Artesanum.


Llevaba bastante tiempo pensándolo, ya me había registrado en etsy, en artesanum y había buscado por ahí qué sería lo que me vendría mejor, el funcionamiento, todo. Al final, ha ganado este, aunque lo del "no coste" ha influido, lo que más me ha impulsado es el idioma. No porque no sea capaz de traducir mis descripciones de productos, sino porque no soy capaz de traducir la mitad de la página y tengo un miedo tremendo a meter la pata... "sí, para esto me fui yo a Irlanda: para no atinar con el inglés".


La verdad es que creí que las ventas podrían ir mejor, a otros les va rápido y bien. Pero siempre he sido de "despacito y buena letra". Creo que como alguna gente habrá observado: no soy de producir en serie, hago poco, quizás porque no me lo tomo como un negocio ni nada que se le parezca, incluso tengo algunas ventas sin pagar, que a veces creo que ya he perdido. Pero el dinero no es lo importante, no aquí al menos, y todo va siempre con calma.


Ahora, espero que alguien en el mundo quiera participar de mi cariño por las cosas, que le guste lo que hago y se anime a comprar. Tranquilos, puedo esperar, pero mientras, podéis echar un vistazo, sin compromiso alguno. XD


Mi tienda en artesanum

21 octubre, 2009

La teoría del carrito

Como se repite en todas partes: Estamos en crisis. Sin embargo es extraño, no paro de ver mujeres embarazadas y niñitos pequeñitos en sus lindos carritos. Podría pensar que es una fijación, pero no lo es. Es peor.


Lo es porque sé la razón de tanto carrito, lo he descubierto. No son las ayudas del gobierno (aunque no tengo ni idea de como andan ahora mismo), no es aire de crisis con el "tiempo libre" de las parejas y, creo, tampoco es el sentimiento maternal. No. Es algo un poco más siniestro.


Hace unos días hubo en mi ciudad un outlet de ropa en uno de los "palacios" de exposiciones (Palexco). Me enteré tarde, y fui en festivo. Aquello estaba a reventar: si hubiera tenido ventanas aquel sitio la gente saldría disparada por ellas. Era verdaderamente estresante, pero en el fondo, como sólo quería echar un vistazo y salir, no importaba el pequeño agobio. Allí me golpearon por todas partes, con total brutalidad, y todos los golpes fueron propinados por carritos de bebé sin niños a bordo, llenos de bolsas. A excepción de dos: una señora me hizo un combo con un bolso tipo baguette rígido.


Ayer fue más de lo mismo. Quise ir a ver el nuevo centro comercial "Espacio Coruña", supuestamente uno de los más grandes de Europa (a mí fue lo que me dijeron, no lo sé). Estaba bastante lleno, como alguien mencionó, de estudiantes, parados y amas de casa. Lo extraño de nuevo: carritos que se movían más rápido que el resto de la gente sin detenerse, en un afán de atropello. Entonces me di cuenta, no había niños en los carritos, había bolsas y más bolsas, y las ruedas servían para hacer sitio, sólo para eso.


Hoy he mirado los carritos de otra manera: siempre quería ver al retoño lindo entre mantitas, ahora me dan un poco de miedo: si no hay bebé dentro, pasa a ser un arma arrojadiza y lo mejor es correr, por si acaso...

Estas últimas semanas no han sido nada fáciles para mí. Entre otros sucesos, el de no poder decir aquí como me sentía y guardarme dentro mis pensamientos, ha contribuido a esta desolación.
Ahora que puedo decirlo ya no sé si compensa, quizás porque creo que me siento mejor. Al menos sé que sin estar sana, aún no tengo la gran C. Eso me hace sentir afortunada y aunque siempre he sido muy negativa creo que lo veo todo con otros ojos.
Estoy aquí y soy feliz.
Lo soy porque tengo gente maravillosa a mi alrededor, un compañero fantástico, una meta, proyectos, carrera, hobbys, ideas, una lista inmensa de cosas por hacer y ante todo: todavía tengo mucho que decir y mucho que mostrar a un mundo que no siempre comprendo, del que me quejo constantemente, pero del que todavía tengo todo por descubrir.


He vuelto...

21 septiembre, 2009

Orden y desorden






Dicen por ahí que los genios son desordenados o algo así, la verdad es que siempre me he quedado con la parte que me interesaba, ya que por naturaleza soy puro desorden. Pero lo cierto es que el tener una habitación tan pequeña y tantas cosas ha llegado a generarme más de un problema: entre ellos la sensación de pesadez en el espacio al irme a dormir. 


Desde hacía algún tiempo, había empezado a poner mis pinturas, lápices, blocs, telas y demás utensilios de manualidades por otras partes de la casa, para ser exactos en la salita de estar, que espera que mis abuelos se vengan a vivir a casa y convertirse en un dormitorio. Era el momento de arreglarlo, de darle un poco de orden a mi vida de caos.


Y así lo hice: me gaste casi 20 euros en cajas en los chinos; tiré un montón de cosas como apuntes inservibles, maquetas u otros utensilios prácticamente inútiles que no me hacían falta; llené tres bolsas enormes con dichos trastos; vacié los botes de cremas que ya estaban, seguro, caducadas; reordené mi armario y junté una tonelada de ropa para donar; releí un montón de cartas de compañer@s del colegio; lloré con alguna de estas cartas, me reí de otras y al final guardé aquellas que merecían la pena en la "caja literaria" (donde están todos los escritos de mi época de novelista XD); organicé todos mis chismes costuriles en estuches y cajitas; y al final conseguí el principio del orden.


Y digo principio porque en el fondo sé que esto no es nada y que aunque sólo me quedan dos cosas por ordenar, sé que son las peores: mis estanterías. Están cargadas de libros y de apuntes, y aunque estos están ordenados, sé que debo tirar una gran cantidad de ellos que ya no es necesario que conserve. Con paciencia me pondré a ello.


Aunque lo que he hecho es algo con escasa importancia, tenía ganas de compartir algo que para mí es importante. Digamos que para mí esto ha sido una limpieza de aura, de alma o similar, un modo de desprenderme de algo que creo que va siendo hora de dejar atrás, por más que a mi me cueste. 


Supongo que no soy la única que ha coleccionado recuerdos, agradables y desagradables, en forma de objetos cotidianos. Muchos no se merecen el título de recuerdos y mucho menos el ser coleccionados: esos hay que dejarlos ir, con cariño, pero hay que dejarlos...

17 septiembre, 2009

Por fin...

Tengo que empezar diciéndolo así: ¡¡¡Bieeeeeeeennnnnnn!!! ya estoy de vacaciones, de las de verdad: sin clases particulares, sin tres horas mínimo delante del Autocad aunque sea día de descanso, sin mirar a mis niñas de lado como si no me importaran, sin la tele encendida para no tener que poner música, ¡Sí! libre.

Lo que sí que tengo que contar es que Murphy ha vuelto a actuar como cada vez que tengo tiempo libre...
Mi entrega del trabajo de Construcción era el jueves pasado, con el examen que no hice: motivo por el cual, para variar, este Septiembre no aprobaré ninguna. Sin embargo mi profesor estaba de vacaciones y decidió que nos recogería el trabajo el miércoles 16, ayer, a las 10:00 am. Aquel día hacía sol y yo volvía a estar enjaulada una semana más a trabajar.
Casi una semana después, a dicha hora estaba mi persona en los departamentos con un trabajo precioso (sí! porque si el jueves pasado era una caca, ayer era guay, bueno, casi... me faltaba alguna cosilla como imprimir bien la cimentación pero nada que no fuera superficial XD... o eso creo ¬¬) que terminé a las 4:00 am de ese mismo día. Llegó mi profesor y entregamos los trabajos... entonces miramos fuera y todo se volvió oscuro: empezó a llover.

Todos los allí presentes lo entendimos: Murphy. Cuando los estudiantes terminan su exámenes empieza a llover. Y digo estudiantes porque quiero pensar que no solo somos los de arquitectura a los que nos pasan estas cosas: gafes.

Pero lo importantes no es eso, da igual que llueva, total no tengo ropa de verano y así puedo usar la de entretiempo. Lo bueno es que no hay mas construcción, ni nada hasta dentro de quince días. Ahora sólo me queda coser unos regalos, la colección de invierno que tengo a medias, la wikipedia de la facultad que tengo a medias, las citas con los médicos y demás y disfrutar del tiempo libre que me quede en el medio... si es que ya me dijo mi cari que no paro ni cuando tengo tiempo libre.




Como nota al margen... decir que creo que ya he visto mi futuro, no como adivinación, sino como decisión formal. Creo que ya es hora de hacer el plan.

Hace tiempo tomé una decisión. Lo hice determinada y convencida, con mis ideas claras, a pesar de decidirlo en un solo momento: lo vi claro y no dudé. 
Nunca más.

He de admitir una serie de defectos, para que todo ello tenga sentido: soy enérgica, borde y fácilmente irascible; sin embargo, mi mala leche se pasa en minutos y me olvido de todo. Claro está, excepto que me hagan daño: entonces jamás olvido. Todo queda retenido en mi mente: recuerdos de instantes precisos, de sucesos en los que alguien o quizás más de uno me han hecho daño, verdadero daño.
Entonces, y sólo entonces, no perdono y no olvido.

Sin embargo, hoy suena excesivamente dramático, como si mi moral me permitiera un cambio de reglas momentáneo, haciéndome ver cosas que hasta ahora me había estado escondiendo. Hoy me he dado cuenta de que mis motivos, todavía válidos, me han llevado a un punto de no retorno. Un punto en el que mis argumentaciones han estado tapando daños irreparables de una conducta que hasta hoy me parecía correcta. 
Hoy he visto que me he perdido muchas cosas, que he perdido muchos momentos y, en el fondo, a muchas personas. Sin embargo, mi tozudez me dice que no puedo volver atrás y que aquel primer día del año 2006, hice lo correcto. Aunque no todo lo demás haya salido bien.

Hace tiempo, tomé una decisión. Lo hice determinada y convencida, porque me habían hecho daño. Por eso, después de tanto tiempo, no he podido perdonar y mucho menos olvidar. 
Todo sigue ahí.

29 julio, 2009

Al extranjero

Supongo que alguna persona se habrá fijado en una barra fucsia que aparece en la columna de la derecha de este mi pequeño blog. Aunque lleva como título mi música hace bastante que no se actualiza y no es demasiado exacta ahora mismo. Sin embargo entre las cosas que destacan hay tres que me encantan: los Beatles, the Corrs y Rooney.
Los primeros con un clásico, creo que no es necesario que diga nada más, su nombre lo dice todo.
Los segundos han sido desde el mismo día en que los oí por primera vez mi grupo favorito. Tengo todos sus discos originales y si en un futuro sacasen otro no dudaría ni medio minuto en ir a comprarlo. Es cierto que si alguien me preguntase no sabría nada de sus vidas, "es mejor no saber sobre tus ídolos para que puedan seguir siéndolo" me dijo una vez una amiga. Pero esto jamás ha impedido que admire su trabajo: esa música que mezcla la actualidad y la tradición, y un algo que denota el amor que sienten por lo que hacen. Sin duda siempre los admiraré. 
Puedo decir con exactitud el día (que no el año) en que mis padres me regalaron mi primer cd de "The Corrs". Era mi cumpleaños y recuerdo el sonido de Forgiven not forgotten y mi alegría. Recuerdo también leer "Betsabé nunca duerme", uno de mis libros favoritos, mientras sonaba en el salón "Only when I sleep", era Navidad. Tengo tantos recuerdos, podría pasarme horas así porque ellos han llenado mi vida.

Sin embargo, a día de hoy ya no hay The Corrs que valga;  y la falta de nuevas melodías me hace buscar en otras partes. Entre miles y miles de sonidos que me agradan he encontrado un grupo, que sin parecerse a ninguno de los anteriores puedo oír y oír sin parar. Aunque últimamente sólo escucho a Blondie, hay más cosas en mi caja de sonidos, y Rooney me tiene atrapada.

La primera vez que los oí fue en los primeros episodios de  The OC (sí, lo sé, soy medio monotemática). Marissa Cooper le hacía a Ryan Atwood un cd en el episodio de la casa piloto (episodio 2, sino recuerdo mal), en un momento dado hablan de ellos, dando el nombre del grupo. A partir de ahí, he seguido escuchándolos, teniéndolos como tono de llamada en el móvil y aprendiendo sus canciones. Todo se acentuó con el anuncio de la colonia CH de Carolina Herrera, con una de sus mejores canciones de fondo. 

Pero ésto es un punto muerto: sé que me gusta cómo suena, pero no puedo acceder a ello. ¿Porqué? Pues fácil, porque lo malo de oír música extrajera, es que no siempre se vende aquí. Ya, ya , piratería sí, piratería no. No quiero entrar en debate:  sólo quiero un cd, tangible y rompible, con portada guapa y un librillo con letritas, todo el mundo sabe lo que es, y yo soy una materialista. Pero, aquí no me lo venden; como no venden McFly, ni Phantom Planet... ni un millón de cosas que suenan bien.
La solución, parece ser, al igual que con las Blythes, internet... pedirlo al extranjero. Duele, pero al final terminaré cediendo, porque la música puede conmigo.